Una propuesta tardía.

El 26 de septiembre, el presidente Felipe Calderón pronunció su último discurso ante la Asamblea General de la ONU. Como se ha mencionado en varios medios, uno de los extractos más destacables es el siguiente:

“Hoy, propongo formalmente, que ésta, nuestra Organización de las Naciones Unidas, se comprometa en el tema, que haga una valoración profunda de los alcances y de los límites del actual enfoque prohibicionista en materia de drogas.”

¿Y por qué es de destacar? Porque creo que a la gran mayoría de los mexicanos nos parece de lo más hipócrita esta parte del discurso.

A mi parecer, es un tanto indignante, ver que el presidente llega a la ONU, habla ante dirigentes de naciones y plantea que es IMPORTANTÍSIMO buscar una solución alternativa a la violencia por drogas; porque, claramente el combate al crimen organizado y el narcotráfico no ha sido suficiente.

No sé, a mí me suena a “ahogado el niño, a tapar el pozo”. ¿Cuántas veces no hubo propuestas de la sociedad civil, organizaciones, incluso hasta ex mandatarios, de por lo menos considerar la idea de la legalización?

No, la respuesta siempre fue no. Se argumentó que las consecuencias sociales causarían más daño, y que se requería de una acción global, que México no podía actuar de manera unilateral. Y entonces, ¿para qué se realizaron tantos foros y encuentros? ¿Para qué el Mecanismo de Concertación de Tuxtla? ¿Para qué la Cumbre de las Américas en Cartagena? Sí, todos plantearon la necesidad URGENTE de reducir la demanda de drogas porque sólo los países ricos, los desarrollados, los que tienen con qué, son los que están provocando esta ola de violencia en la pobrecita América Latina.

¿Y si en vez de lamentarse ahora, México realmente hubiera considerado en el momento el debate sobre legalización? Del debate es de donde surgen las mejores ideas, me han contado.

Es hipócrita de parte del Señor presidente llegar a la AGONU y relatar con mucho orgullo (o descaro, no sé) los grandes logros de su administración en cuanto al combate, los grandes decomisos de armas, los numerosos arrestos de capos, etc. porque nosotros hicimos nuestra parte. ¿Y los pobres inocentes? Ah, sí… Es que de todas formas tiene que haber víctimas colaterales. Ni modo. Pero nosotros sufrimos mucho.

¿Con qué autoridad moral, vergüenza, cinismo, o como le quieran llamar, llega a esta Asamblea a prácticamente exigir la actuación de la ONU para buscar alternativas a este problema? A mí me suena a que hay de dos sopas: Si se toma en cuenta “su propuesta” podrá dejar la administración con un aire de orgullo y satisfacción por haber planteado una idea innovadora. Y si no lo hacen, pues ya será trabajo del que sigue. Que se las arregle como pueda. (Y viendo el gran intelecto “del que sigue” podemos estar seguros que la cosa no se pondrá muy linda que digamos).