Por nuestro bien

Por Sergio Sarmiento

"Aquellos que nos atormentan por nuestro bien nos atormentarán sin fin porque lo hacen con la aprobación de su propia conciencia".

C.S. Lewis


Quizá porque ha fracasado en lo que debería ser su responsabilidad principal, el gobierno ha terminado por querer hacer todo aquello que no le corresponde. El resultado es muy negativo para los ciudadanos.

La función fundamental de un gobierno, de cualquier gobierno, es dar seguridad a los gobernados. En este propósito el Estado mexicano ha enfrentado su peor fracaso. México es uno de los países más inseguros del mundo. Si bien puede haber mejorías en algunos lugares y momentos, la inseguridad es una amenaza constante para quienes no vivimos detrás de los ejércitos de guardaespaldas que hacen a los políticos olvidar lo que ocurre en el país.

Mientras el gobierno fracasa en su función fundamental, dedica una gran cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo a protegernos a los ciudadanos... pero no de los criminales sino de nosotros mismos.

Yo nunca le echaba sal a mis alimentos. Sin embargo, desde que el gobierno prohibió que se colocaran saleros en las mesas de los restaurantes, porque los mexicanos somos tan irresponsables que podríamos ponerle sal a la comida, hago siempre un esfuerzo por pedir un salero. La rebeldía es una reacción natural ante la imposición. La semana pasada, en cambio, estuve en París y en Davos, Suiza, y fue un alivio ver que los restaurantes ahí sí tienen la buena educación de colocar un salero y un pimentero en la mesa.

El gobierno se preocupa tanto por mi salud que me cobra un impuesto especial sobre refrescos y alimentos de alto contenido calórico para convencerme de no consumirlos. Si bien no puede protegerme en las calles, me castiga por mis preferencias, y todavía tiene el descaro de decir que lo hace por mi bien. Yo no puedo tomar mis propias decisiones sobre los alimentos que quiero consumir.

Lo mismo hace con el alcohol y el tabaco. Si quiero tomarme una copita de tequila, me cobra 53 por ciento de impuesto especial y después le suma otro 16 por ciento de IVA, pero no sólo sobre el valor del tequila sino sobre el mismo impuesto que me cobró. Así, por la copita de tequila tengo que pagar 77.48 por ciento de impuesto. Con razón me cuesta más caro mi tequila en Tequila, Jalisco, que en Houston, Texas. Ah, pero el gobierno me dice que es por mi bien. Yo, como simple gobernado, no puedo tomar decisiones por mí mismo. Una de las consecuencias del impuesto tan alto, sin embargo, es que la mitad de las bebidas alcohólicas en el país se vende en el mercado negro.

Por mi propio bien el gobierno me encarcelará durante años si llevo más de cinco gramos de marihuana. La ley está hecha para pretender que si tengo más de estos dos cigarrillos soy un narcotraficante y no un consumidor. La prohibición ha generado un mercado negro que produce esa violencia que nos afecta tanto a los gobernados y que el gobierno ha sido incapaz de frenar.

Pero no nos preocupemos. Ahora el gobierno ha organizado una costosa consulta pública y dice que podría aceptar la legalización de los medicamentos con base de marihuana, como el cannabidiol. ¡Qué abiertos y generosos! Nos dejarán tomar medicina. El debate se lleva a cabo, sin embargo, bajo la influencia de un Presidente que públicamente se ha opuesto a la legalización de la marihuana, no porque sea autoritario sino para proteger a los pobres idiotas que no tenemos capacidad de decidir.

Lo peor de todo es que estos moralistas convertidos en gobernantes empiezan a creer sus propias mentiras. Se les olvida que su función fundamental, esa que no han podido cumplir, es proteger a los gobernados de los daños que otros pudieran causarles, pero no protegerlos de sí mismos.
 
PAÍS NO PETROLERO

Claro que no somos ya un país petrolero. En 2015 importamos 9,855.2 millones de dólares más en productos petroleros de los que exportamos. Nuestras ventas petroleras fueron sólo 6.1 por ciento de las exportaciones (3.9 por ciento en diciembre). En cambio las manufacturas representaron el 89.3 por ciento.

Fuente: Reforma