Por @ostori
La fe
cegadora que tenemos los mexicanos, tiene a mi parecer la siguiente explicación:
la falta de conocimientos de fenómenos
“indescriptibles” “increíbles” “imposibles” nos orilla a la necesidad de
crear fetiches y aceptarlos como logos divinos inamovibles.
La fe,
como propia definición, es la creencia en algo sin la necesidad de que esté
confirmado por la experiencia o la razón propia.
¿Por qué
entonces tener fe en precisamente aquello que no es tangible ni perceptible?,
peor aún, ¿Cómo una imagen ha sido capaz de perdurar a través de casi 500 años,
potencializándose con el paso del tiempo?
Intentaré
responder estas dos preguntas, tratando de comprender por qué somos una
sociedad de fe.
En el
párrafo primero menciono que la base de toda creencia hacia lo superior
proviene del desconocimiento de los fenómenos y la falta de una explicación
racional de las cosas.
Remontándonos
a tiempos prehispánicos, la falta de conocimientos sobre ciertos fenómenos tales
como el fuego, la lluvia, el sol, la luna, etc. dieron origen a una sociedad
politeísta, que precisamente se encargo de atribuirle “poderes sobrenaturales”
a aquellos fenómenos incapaces de ser explicados y que tenían que ser
aterrizados para la comprensión y el alcance humano; así entonces, se debieron
concretar esas ideas abstractas, esas ideas generales en objetos concretos y
particulares para que fuesen comprensibles al razonamiento humano.
De ahí la
necesidad de crear códices, de crear pinturas, de construir edificaciones, de
crear libros que sienten las bases de los distintos lineamientos religiosos; se
inventan los sacrificios como una “retribución a aquellos seres superiores”.
Estas son las ideas abstractas y generales aterrizadas a cosas palpables y
fáciles en su comprensión, pero sobre todo, con ese fetiche que las hace
“superiores y divinas”.
En el caso
concreto de la Virgen de Guadalupe (se tienen estudios ya bastante desarrollados
sobre el tema) fue meramente una manera de evangelización y de control sobre
una sociedad que rehusaba a dejar sus tradiciones y que se comportaba arisca
frente al cambio.
En 1531,
la Nueva España atravesaba este cambio significativo de idiosincrasias; la
lucha de los conquistadores españoles contra la renuencia el Estado Mexica o Azteca
en materia religiosa obligaron precisamente a crear este nuevo icono, capaz de
controlar masas. Es esto, la “aparición de una virgen”, lo que viene a
transformar la vida religiosa de un país hasta hoy día, este fetiche capaz de
controlar y mover masas.
Esta
imagen ha logrado perdurar por más de quinientos años. No es una casualidad y
tampoco pretendo ser de los que condenan la religión (bueno, sí hay algo de
eso) ni al gobierno (quizá aquí hay un poco más de condena), pero ¿qué pasaría
si nuestro sistema educativo realmente se encargará de tener mayores bases
científicas?; ¿qué pasaría si el gobierno invirtiera en más educación y menos
en programas sociales que fomentaran la inutilidad y dependencia? Me pregunto:
¿qué pasaría si la gente como tal dejara de tener fe en lo incierto, en lo
inexistente y se propusiese creer en lo tangible, en lo real, en la misma
gente? ¿Qué pasaría si fuésemos capaces de entender que las religiones son una
mera herramienta de control, de estancamiento manipulación y intelectual?
¿Qué
pasaría, si por primera vez nos diéramos la oportunidad de hacerle caso a la
duda propia y omitir la respuesta establecida?
Pero somos
una sociedad que tampoco se preocupa por saber más allá de lo que le han
establecido; somos una sociedad feliz en la ignorancia; somos una sociedad que
espera recibir sin hacer los méritos necesarios; somos una sociedad esperanzada
en los denominados “milagros”, aquéllos capaces de venir a borrar o limpiar las
acciones que tuvimos y las consecuencias que hubo de las mismas.
Es esa la
razón del porqué se ha potencializado la fe hacia nuestra querida Virgen de
Guadalupe hoy en día, porque cada día somos más gente feliz en la ignorancia.