Nemo, Heart of
ice (Alan Moore y Kevin O’Neill, Top Shelf
Productions, 2013).
Novela Gráfica.
Por Dán Lee.
Nadie que yo
haya leído ha logrado juegos intertextuales tan complejos y ricos como Alan
Moore (Northamton, 1953). Es una de las características esenciales de su obra:
el señor Moore saquea historietas, libros, cine, televisión, anuncios,
comerciales y canciones. No desprecia ningún elemento de la cultura (pop o
elevada); todos ellos hallan un lugar en sus historias, y los acomoda en
posiciones nuevas desde las cuáles el enfoque será diferente. Cuando Moore “toma
prestado” algún elemento es para mostrarlo bajo una luz con matices nunca
vistos (no es coincidencia que The
killing Joke, una historia que escribió para DC Comics, siga siendo una de
las más aclamadas por mostrar tanto al Joker como a Batman en facetas que el
público no esperaba y que aún prevalecen en dichos personajes).
El mayor ejemplo de esta cualidad se encuentra en la saga La Liga Extraordinaria” (The League of
Extraordinary Gentlemen) en la que fusionó a personajes de ficción de la
literatura inglesa escrita en el periodo Victoriano para formar una especie de “Súper
amigos” ambientada en dicha época. El collage que logró Moore con esa
historieta es tal que aún para un lector versado en el tema es casi imposible
descubrir la totalidad de elementos intratextuales presentes en los guiños,
alusiones y “apariciones especiales” en los seis volúmenes que componen la
historia hasta el momento.
Nemo, Heart of Ice es un spin
off de la Liga Extraordinaria. Se retome a Janni Dakkar, la hija del
Capitán Nemo, heredera del Nautilus y de la fama de su padre como pirata
desalmada. Ella ha hecho enfadar nada menos que a Charles Foster Kane (sí, el
“ciudadano Kane”) y a la terrible reina de Kor (extraída de la serie de novelas
de Alan Quatermain), quienes forman su propio equipo de héroes al reclutar a
Tom Swift, Jack Wright y Frank Reade jr; personajes todos de historias “pulp”;
dos de ellos protagonistas de sus propias historias de aventuras “científicas”,
y el último heredero de un famoso inventor de máquinas imposibles.
Dakkar, harta de la vida de pirata, decide seguir los pasos de su
padre como investigadora; dirige al Nautilus y su tripulación hacia la
Antártida para continuar con una expedición que Nemo dejó incompleta. Kane aprovecha
la situación y envía a su equipo a atrapar a la hindú.
La persecución y enfrentamiento, en los que sobresalen los
artefactos de ciencia ficción y el carácter recio de Dakkar, suceden en un
escenario que es un festín para los aficionados a la literatura de horror: Las
Montañas de la Locura, creación de H. P. Lovecraft (quien a su vez alude en
esta novela a Aventuras de Arthur Gordon
Pym de Poe, para rizar el rizo un poco más).
Bajo el cielo oscuro, muy profundo en las simas de la Tierra, con
salpicaduras de nieve brillante, el lector se enfrenta a páginas sombrías y
alucinadas, donde Moore y O’Neill (Londres, 1953) nos invitan a una celebración
de lo ajeno a la humanidad. La cultura oriental y la occidental palidecen ante
la complejidad de lo hallado por los personajes. En especial, el dibujante aprovecha
su espacio para mostrar figuras que perturban y atraen, tomando revancha por
todas las páginas en las que el texto dominó la historieta. Los autores de Nemo, heart of ice manifiestan aquí sin
ambages sus respectivas percepciones de la obra de Lovecraft. Pareciera que
toda la anécdota es sólo un pretexto para exponer las páginas dedicadas a este
escenario y lo que allí sucede. El final, créanme, resulta ser lo de menos.
Moore se da el lujo de redondear el libro añadiendo un relato a
manera de epílogo. Escrito como si fuera una nota de sociales en un periódico
de los años treinta, se narra la boda de la nieta de Nemo con el hijo del
pirata aéreo El Barón Rojo,
compromiso con el que desean establecer un imperio del crimen tanto en el mar
como en los cielos (aprovechando la coyuntura de una guerra global que se
siente a punto de estallar).
Un gran libro de dos grandes artistas. No se sientan frustrados si
al leerlo no captan alguna de las referencias literarias o culturales. Es
altamente probable que sólo Alan Moore las sepa todas.