Por Dán Lee
EL
DETALLE (TRES NOVELAS CORTAS)
(José
Carlos Somoza. Mondadori. México, 2005)
Adentrarse en este libro y sus profundidades no es difícil. José
Carlos Somoza (Cuba, 1959) es uno de esos narradores poseedores de prosa
mágica; igual que una pizza de anchoas llevaba a Don Gato apresado por la nariz
por las calles de NY, el ritmo y facilidad de la narración de Somoza tomará al
lector gentilmente por el cuello para llevarlo a conocer el pueblo de Roquedal,
con sus casas viejas, personajes anquilosados y una playa fantasmal que sólo
toma vida por las noches, con las escapadas de los jóvenes en busca de ocultar
sus desfogues con oscuridad y arena fría.
La primera obra
es Planos, adecuada para recibir al
lector, pues la narra en primera persona un médico recién llegado al pueblo.
Huye de la soledad y se estrella con la otredad. Un extraño juego de mujeres
hechiceras y planos existenciales paralelos lo lleva a perderse en un final tan
raro y desconcertante como el sentir del personaje a lo largo de la historia.
El detalle, la segunda novela breve, se
trata de una pesquisa para atrapar a un asesino. La búsqueda, narrada también
en primera persona, la lleva a cabo el loco del pueblo. Adentrarnos en la
percepción y razonamiento del personaje es un verdadero ejercicio de
extrañamiento. Preparémonos para prestar atención a detalles que de otra forma
serían invisibles, para mirar el mundo de reojo, porque así es como se
descubren las insignificancias más relevantes; “es posible que mi asesino sea
completamente imaginario, pero sus crímenes son muy reales”, dice Don Baltazar,
el investigador, y eso debería ser suficiente introducción para esta historia.
En cuanto a La boca, la tercera novela escrita en un
solo párrafo mastodóntico, trata de un hombre con secretos que lo carcomen y
que, en la acción de tocar el timbre de la casa de su amante, descubre por
primera vez que un esqueleto –ese símbolo de la muerte- va dentro de él y de
todos quienes lo rodean. Una cascada de pensamientos que van de lo absurdo a
las revelaciones más trascendentales lo arrolla a partir de ese momento hasta
el liberador final.
El común
denominador de las tres obras es la fortaleza de imaginación con que Somoza nos
enfrenta. No exagero al decir que encontraremos al menos una imagen, metáfora,
comparación o giro de lenguaje por página. El autor cumple con creces la
función literaria de mostrar el mundo desde una perspectiva particular. Somoza
transforma su inventado pueblo de Roquedal en una fiesta de la creatividad y la
buena prosa. Vale la pena visitarlo.