Por Dán Lee.
EL PAÍS
DE LOS HABLISTAS
(Alberto
Chimal. Libros del umbral. Tlalpan, México, 2001)
Devorar un buen libro de cuentos para mí es un
gran placer (mayor a degustar una novela); cuando este libro está escrito en
español por un autor mexicano, el gozo se multiplica. Alberto Chimal (Toluca,
1970) ambiciona en esta colección reproducir la experiencia del viejo contador
de historias; junto a una fogata, una voz cubierta de noche y sabiduría
embeleza a su auditorio mientras los pierde en los laberintos de su fiebre
creadora.
Desde
la primera línea (es más, desde las epígrafes) se percibe una vocación por
generar un mundo nuevo con sus nombres, mitología, celebridades y geografía
particulares. A lo largo de los diez cuentos cortos (el más extenso cuenta con
veinte páginas) el narrador se afana por no perder nuestra atención con base en
una redacción sencilla pero con relieves míticos. Sus temas son la creación del
mundo, el horror, la magia, la muerte, la identidad. Encontramos historias
aleccionadoras, tétricas, pícaras, legendarias. Pareciera que leemos un texto
escrito en el medioevo por momentos, pues los cuentos tienen raíces profundas
que se arraigan en lo profundo del inconsciente, el mismo inconsciente que
generó Las mil y una noches.
Imposible
comentar texto por texto sin extenderse demasiado, porque todos merecen
atención. El país de los hablistas cuenta
con elementos que todo lector desea encontrar: concisión, hallazgos en el uso
del lenguaje, estructuras equilibradas, golpes de efecto. Las páginas de esta
joya rezuman magia e imaginación.
Por
si lo anterior fuera poco, la edición es muy atractiva, adornada con la
ilustración “El pez grande se come al chico” en un tamaño amigable, tanto el
dibujo como las dimensiones plantean el tono del libro: modesto y tremendo a la
vez.
El país de los hablistas es una fantástica colección de cuentos que
debería estar en la biblioteca de todo aquel que guste de la narrativa breve.
Dán Lee