Por Alberto Ruiz
Ayer, el Presidente de la CNDH, Raúl
Plascencia Villanueva, durante una comparecencia en la Comisión de Derechos
Humanos del Senado de la república, aseguró que el número de desplazados
internos desde que caldeRon salió
a matar moscas con escoba es de unos 150 mil personas (solo para comparar según el censo de
2010 en Dolores Hidalgo viven menos personas).
También dio a conocer que en ese lapso se han
documentado 24,800 personas desaparecidas, señalando que: “en 612 casos
existe la presunción de intervención de agentes del Estado mexicano en la
desaparición de estas personas; 267 en donde hay indicios de que intervinieron
elementos o personas miembros de la delincuencia organizada; 1,424 casos en los
cuales no hay indicios claros de intervención de autoridad federal, o bien,
delincuencia organizada, pero tampoco se podría descartar esa circunstancia por
el modus operandi identificado” SALUD
Diez años de “guerra” y un saldo desastroso, aun midiéndolo en el sentido más
comercialista que se nos ha tratado de presentar, como un mal necesario y
urgente, aun viéndolo como parte de los daños colaterales de un evento
catastrófico, es un daño irreparable a la economía, a la sociedad, a la vida de
unos 500 mil mexicanos.
Unas cifra así debían causar por si solas un
impacto en la sociedad mexicana, pero parecen normales, parecen hasta
pequeñas. Han dejado de causar horror, para ser cotidianas, hemos asumido
que allá, en la guerra, hay muertos, hay desaparecidos y hay desplazados;
también ahora estamos asumiendo que esos 612 personas desaparecidas por las
fuerzas de seguridad del Estado, son parte de lo que pasa cuando pasa. SALUD
Cuando un Estado deja de lado valores como los
derechos humanos, cuando las fuerzas de seguridad se coinvierten en ejecutores
de la justicia (por más justificada que sea esa) se pierde primero un valor
fundamental nacional, la solidaridad; pero se pierden otras muchas cosas.
Diría un destacadísimo mexicano del siglo XIX ¿Cómo
exigir al ciudadano que respete la ley cuando el estado la infringe?, pues si
¿cómo? Y yo pregunto ¿cómo esperan cohesión social, si se han encargado de
dinamitar todos sus puentes?
El México que caldeRon dejó y el
que la actual “administración” mantiene en estado de sitio
permanente, en el que cualquier crucero puede convertirse en un asalto, en el
que la delincuencia se sobrepone al Estado y se entremezcla con él, en donde
los secuestradores son parte de los cuerpos de “seguridad”, es
sin lugar a dudas un ESTADO FALLIDO; pero una sociedad que soporta
ser desplazada, vejada por sus órganos administrativos y desaparecida no sólo
física sino intelectualmente, es una SOCIEDAD FALLIDA.
Es hora de hacer ver a esos sátrapas que su intento
por cohonestar su acción violenta, desgastan a la sociedad, una sociedad que
sigue aceptando un destino violento, acabará por ser violenta en su conjunto.
SALUD
Etiquetas: Calderón, CNDH, Derechos Humanos, Felipe, México, sociedad