Los hechos
Detrás de los hechos
Una interpretación de los hechos
LOS HECHOS
Durante todo el mandato de Díaz Ordaz hubo movimientos
sociales, pero su presidencia se hizo famosa por el trato violento y represivo
con el que acabó con las protestas del verano de 1968 en la Ciudad de México.
Quizás en otro momento la represión hubiera sido menor, pero México sería el
primer país de América Latina en recibir los juegos olímpicos, el mundo veía a
México nuevamente con confianza y el régimen no podía permitir que esa imagen
se viera destruida. Así pues, la represión fue total.
La forma en que se ocultó la información desde entonces, y
el hecho de que para el siglo XXI siga habiendo datos que no se hacen públicos,
hace difícil la labor del historiador, no tanto para describir los hechos, sino
para entender qué hay detrás de ellos. Vayamos de momento a los hechos
contundentes.
22 de julio de 1968, los estudiantes de dos preparatorias,
la Vocacional 2 del IPN y la Ochoterena de la UNAM, se agarraron a golpes tras
un partido de futbol. Cabe señalar que eso era algo normal, que a fin de
cuentas era un pleito entre escuelas rivales, que había porros en ambos
bandos…, pero que no dejaba de ser un pleito entre estudiantes que nada amenazaba
la “paz” del régimen.
A pesar de ello, ll gobierno mandó al cuerpo de granaderos a
detener el pleito, respuesta desmedida y exagerada que provocó una reacción
inmediata entre varios grupos estudiantiles y en varias universidades, no sólo
las públicas sino incluso algunas privadas, como la Universidad Iberoamericana,
que se sumó a las protestas contra el régimen opresor.
Varias escuelas se declararon en Huelga entre el 26 y 29 de
julio y una vez más se envió a los granaderos en contra de los estudiantes…, una
vez más una reacción desmedida por parte del gobierno, que más que apagar la
llama, le echaba más leña al fuego.
La población urbana de clase media estaba acostumbrada a no
meterse en cosas de políticas y a no criticar al gobierno; muchos estaban
también educados para ver en esos grupos de protesta a simples revoltosos, pero
todo fue diferente en 1968, sobre todo a partir del 30 de julio, cuando el
mismo rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, hombre reconocido y respetado,
condenó los hechos y encabezó una marcha. La fama del rector como un
hombre recto hizo la población se cuestionara más…, era claro que el rector no
iba a ser protagonista de una protesta sin sentido. Su presencia hizo que
muchos apoyaran esta marcha.
El gobierno tuvo miedo; hoy puede parecer extraño, pero en
aquel tiempo no existía eso de gente marchando en las calles, mucho menos aún
de gritar consignas contra el gobierno, y menos aun diciendo el nombre del
presidente, figura hasta entonces intocable. Pero todo eso terminó el 26 de agosto
de 1968, cuando grupos estudiantiles organizaron una marcha hacia el Zócalo y
por primera vez la multitud lanzó gritos de ofensa a un presidente.
Era 26 de agosto y el zócalo estaba tomado, algo insólito
entonces. Algunos líderes propusieron quedarse en la Plaza hasta que el
gobierno los atendiera, finalmente el país presumía ser una democracia, y ahí
estaba el demos, el pueblo, en el corazón del país, exigiendo que el
gobierno que presuntamente los representaba, y que en su nombre ejercía la
soberanía, les diera una respuesta. La respuesta se dio el 28 de agosto de
1968, cuando tanques militares sacaron a la gente del Zócalo.
El gobierno de Díaz Ordaz acusó a los estudiantes de ser
rebeldes sin causa, de instigar al desorden, de ser incluso infiltrados
comunistas. Así pues, varios grupos estudiantiles decidieron convocar a nueva
marcha el 13 de septiembre, una marcha silenciosa, para demostrar que en
realidad había orden en las protestas. Hay quien dice que 500 mil ciudadanos
marcharon ese día. Sin importar el número, su silencio fue absoluto y el ruido
de ese silencio fue ensordecedor para el régimen.
La respuesta del gobierno fue enviar al ejército a tomar las
instalaciones de Ciudad Universitaria el 18 de septiembre, y las del
Politécnico el día 24. A mayor exigencia de la ciudadanía la respuesta era
mayor represión, la orden del gobierno era mandar al ejército en contra de los
propios ciudadanos, como si fueran el enemigo.
El gobierno, no acostumbrado a tanta protesta, y más bien
habituado a que la represión funcionara, pensó que la presencia militar en las
escuelas terminaría con todo, sin embargo ocurrió todo lo contrario: las
protestas juveniles fueron entonces para exigir que las tropas liberaran las
instalaciones, cosa que finalmente sucedió el 1 de octubre. Parecía un triunfo
del movimiento.
Para el 2 de octubre estaba planeado un mitin en Plaza de
Tlatelolco, la gente se comenzó a reunir a pesar de que había tropas del
ejército custodiando el lugar; pero para ese momento los que protestaban ya estaban
acostumbrados a ver al ejército, que hasta ese momento, hay que decirlo, había
reprimido con su sola presencia. Aparentemente la gente que se congregaba
lentamente en Tlatelolco no temía al ejército.
Dos de octubre de 1968, a las seis de la tarde, un
helicóptero que sobrevolaba la zona soltó unas bengalas…, y en la plaza
comenzaron los disparos, sin saber de dónde venían, pero de pronto, tanto
ejército como grupos armados vestidos de civiles disparaban a la multitud.
Los disparos siguieron hasta la madrugada, a la mañana
siguiente la plaza estaba vacía y los medios de comunicación anunciaron que la
policía había detenido a dos grupos de estudiantes que estaban peleando y que
hubo 20 muertos. Faltaban diez días para la inauguración de las Olimpiadas y el
movimiento estaba aniquilado.
DETRÁS DE LOS HECHOS
Han pasado más de 40 años de los hechos del 2 de octubre,
los hechos no son lo discutible…, ahí están, pero lo que no se puede saber del
todo es la implicación de cada actor del gobierno en aquella matanza, ni lo más
importante, lo que en realidad sucedió, ya que es simplemente absurdo pensar
que el gobierno actuara de esa forma para reprimir a estudiantes,
independientemente de las olimpíadas…, lamentablemente lo que se puede hacer
son conjeturas y teorías, que no pueden comprobarse…, por lo menos no del todo.
Lo que hoy si sabemos es que, contrario a lo que siempre
sostuvo el gobierno, los estudiantes no comenzaron ninguna agresión en
Tlatelolco ese 2 de octubre…, pero tampoco el ejército lo hizo. Aquí entra en
escena un grupo paramilitar conocido como Batallón Olimpia, y que respondía
directamente a las órdenes del Secretario de Gobernación de esa época, Luis
Echeverría Álvarez.
La gente se reunió en la plaza a pesar de que ya había ahí
militares, síntoma de que no había demasiado miedo a disparos, el ejército
tenía órdenes de no disparar al pueblo, a menos que fueran atacados. El
Batallón Olimpia, del cuya existencia el ejército no tenía noticia (no por lo
menos las tropas enviadas a Tlatelolco), vestidos de civiles, comenzó los
disparos…, y ahí comenzó una confusión, en la que el ejército abrió fuego al
ver a civiles armados disparando, pero no eran civiles, sino este grupo
paramilitar.
Después de eso la gran masacre vino en manos del Batallón
Olimpia, no del ejército, que una vez viendo más claras las cosas, incluso
ayudaron a la gente a salir de la plaza por la única salida que no estaba
cerrada, la que da hacia Paseo de la Reforma…, eso por lo menos dicen
protagonistas de los hechos con los que tuve la oportunidad de conversar.
Lo que parece un hecho es que los acontecimientos de 1968
van de la mano con una descomposición, fractura y división del partido y
régimen de la revolución, y que los conflictos internos de un partido, donde
unos se querían modernizar, y otros querían seguir aferrados a un pasado
cardenista, se reflejaron cada vez más en la sociedad y en la economía. La
descomposición y corrupción del sistema era evidente, así como una urgente
transformación del partido.
Hay otro hecho, y es que varios de los líderes del
movimiento no se presentaron ese día a la reunión, donde los líderes que si
fueron, cayeron balaceados por el Batallón Olimpia, y que muchos de esos
líderes tuvieron cargos políticos en el siguiente gobierno, el de Echeverría,
lo cual hace sospechar cada vez más de una planeación del entonces Secretario
de Gobernación. Otro hecho, ese 2 de octubre por la mañana, esos líderes que si
asistieron a la plaza se habían entrevistado con Echeverría, y habían acordado
una tregua que incluía cancelar el evento de esa tarde y dejar las cosas hasta
después de las Olimpiadas. Parece que tanto ejército como estudiantes fueron
engañados.
El movimiento del 68 y la matanza en la que terminó, dejaron
claro que había toda una nueva sociedad dinámica, que exigía derechos y
participación en la vida y asuntos del país, y un partido con un sistema
estático e inmóvil que no estuvo preparado para entender, aceptar e incluir a
esta nueva sociedad.
El 12 de octubre de 1968, tan sólo diez días después de la
matanza, comenzaron las olimpiadas mexicanas en el estadio de Ciudad
Universitaria. Paradójicamente fue llamada la Olimpiada de la Paz.
UNA INTERPRETACIÓN DE LOS HECHOS
Cuarenta años puede parecer mucho tiempo, en realidad es
poco, tan poco que muchos protagonistas de los hechos de 1968 siguen con vida,
tan pocos que aún no se nos aclara toda la verdad, tan pocos que todo lo que
podemos hacer, con base en los hechos conocidos, son teorías en
interpretaciones, que ya entran más en el terreno de la política, e incluso del
periodismo, más que en el de la historia. Pero precisamente juntando los
conocimientos de política, el trabajo de periodistas, los hechos conocidos, y
el análisis, se puede presentar una interpretación de los hechos. No se puede
asegurar nada aún de 1968, se presenta pues, tan sólo una teoría.
El siglo XIX mexicano estuvo marcado, por lo menos en
política, por la traición, en la revolución sucedió exactamente lo mismo, tanto
en la etapa de Madero, como en la de Carranza, como en tiempos de la Dinastía
Sonorense como más adelante entre Cárdenas y Calles…, así pues, por más que se
haya formado un partido para unir a una familia revolucionaria…, la traición
tendría que salir tarde o temprano.
La familia revolucionaria, como se ha expuesto
anteriormente, tenía reglas, tenía un sistema diseñado para no caer mientras se
siguieran dichas reglas, y quizás la más importante era respetar, prácticamente
como dictador absoluto de seis años, las decisiones del presidente en turno. No
le funcionó del todo ni a Calles ni a Cárdenas, los creadores del partido y de
la familia… funcionó bien a partir de 1940 y siguió funcionando hasta 1968…,
sólo 28 años aguantó la clase política sin volver al camino de la traición.
Regresaron en 1968 y con ello comenzó la ruptura y caída del régimen de la
revolución.
El PRI estaba planeado para funcionar como un sistema
monopólico y absolutista, pero esto comenzó a fallar con Díaz Ordaz. Hay un
dato fundamental a considerar, y es que a lo largo de toda historia del régimen
que se ha ido contando, el general Lázaro Cárdenas del Río seguía vivo, no
olvidar que tomó muy joven la presidencia. Como se ha visto, Cárdenas formó su
partido y estableció su proyecto socialista, mismo que no tuvo continuidad, y poco
a poco un ala más moderada, y por momentos hasta derechista, fue tomando el
control del partido de la revolución…, esto nunca fue del agrado del general
Cárdenas y su grupo.
Poco a poco, desde Ávila Camacho, y particularmente con
Miguel Alemán, los cardenistas fueron siendo desplazados del círculo de poder
del partido, y desde luego, siempre intentaron volver. Hasta aquí todo es
normal, finalmente el partido estaba hecho para que en su seno se dieran todas
las discusiones, y luego, de cara a la sociedad, se daba siempre una imagen de
unidad. Esa unidad se rompió, y esa ruptura se notó, precisamente en 1968.
Desde su tercer año de gobierno Díaz Ordaz tuvo presiones
internas que desafiaban su autoridad, y que tenían que ver, desde luego, con la
sucesión de 1970. Los cardenistas habían logrado un gran avance el negociar que
de su grupo saliera el Secretario de Gobernación de Díaz Ordaz, y éste fue
precisamente Luis Echeverría…, ahora faltaba catapultarlo a la presidencia para
1970, pero el problema es que no era el candidato de Díaz Ordaz; y las normas
del partido dejaban muy claro que la voluntad del señor presidente era
incuestionable.
El grupo cardenista decidió que, sin importar los medios,
debían volver al poder en 1970 en la persona de Luis Echeverría; entonces para
desestabilizar el poder de Díaz Ordaz, Lázaro Cárdenas creó grupos de presión
social como el Frente de Liberación Nacional, liderado por Heberto Castillo y
Cuauhtémoc Cárdenas.
Este es el origen del Consejo Nacional de Huelga, que
comenzó a presionar al gobierno por democracia y socialismo…, con todas las
contradicciones implícitas de esta exigencia, pues democracia era algo que
teóricamente teníamos; una democracia que funcionaba porque un solo grupo
monopolizaba el poder…, y socialismo, bueno, históricamente en esa época estaba
claro el carácter no democrático de los socialistas. De hecho el movimiento de
Praga de 1968, país socialista, era para pedir más democracia, más liberalismo
y menos socialismo.
El grupo cardenista tenía un gran poder precisamente porque
el secretario de gobernación, Echeverría, era su carta fuerte…, y desde la
Secretaría de Gobernación se comenzó a infiltrar agentes provocadores de
disturbios entre los grupos estudiantiles; era sabido desde entonces que muchos
grupos de porros cobraban en Gobernación.
A causa de esos infiltrados es que comenzó a aumentar el
nivel de conflicto entre grupos estudiantiles, como el pleito entre las prepas
de la UNAM y del Politécnico que sirvieron de pretexto para que el Secretario
de Gobernación mandara al ejército y a granaderos a detener estos conflictos.
Todo era parte de una estrategia.
Para 1968, los jóvenes urbanos de clase media exigían
libertades, era efectivamente una época de idealismo e idealistas, y muchos
jóvenes estudiantes de aquella época vieron en las protestas del 68 un
verdadero movimiento que quizás podía cambiar ciertas cosas, y por eso se
sumaron tantos y tantos jóvenes en todo el país. Lamentablemente, en el origen
del movimiento no había de fondo un proyecto de jóvenes idealistas socialistas,
sino una estrategia de desequilibrio generada desde la Secretaría de
Gobernación. Es decir que los jóvenes idealistas fueron los primeros engañados
en 1968.
La mayoría de los líderes tenían intereses políticos, lo
cual se hizo evidente cuando dichos líderes no estuvieron presentes,
casualmente, el 2 de octubre en Tlatelolco, gracias a lo cual se salvaron, y
tres años después, bajo el gobierno de Echeverría, ya tenían puestos en el
gobierno.
El problema, evidentemente, es que muchos jóvenes
independientes e idealistas se fueron sumando al movimiento, y fueron surgiendo
liderazgos reales que no dependían del secretario de gobernación. En términos
de Maquiavelo: “Puedes comenzar una guerra en cualquier momento, pero no puedes
detenerla en cualquier momento”…, y eso fue lo que le ocurrió a Echeverría y a
Cárdenas, comenzaron las revueltas para desestabilizar al presidente Díaz
Ordaz, el problema es que el movimiento ya caminaba solo.
Así las cosas, ya cumplido el objetivo del movimiento, ante
la cercanía de las olimpíadas, e incluso una amenaza de intervención de Estados
Unidos, era necesario detenerlo, rápido, de un solo golpe, en solo día. Eso fue
lo que hizo el Secretario de Gobernación el 2 de octubre de 1968.
El Secretario tendió una gran trampa para muchos; para los
estudiantes, para los líderes, para el ejército, para el Batallón Olimpia y
para el presidente: primero negoció con los líderes que no estaban bajo sus
órdenes y se pactó una tregua olímpica (lo que habla de la buena voluntad de
los estudiantes) pero una de las condiciones era detener el mitin programado
para ese día, 2 de octubre, en Tlatelolco.
Por otro lado manda al ejército rodear la plaza, por todos
sus lados menos por uno, la salida hacia Paseo de la Reforma, con lo cual, más
adelante, en la huida desesperada, se generó un embudo. Luego manda al Batallón
Olimpia, vestidos de civiles, a provocar al ejército; el ejército no sabía nada
de dicho batallón, por lo que los soldados apostados en la plaza lo que vieron
fue civiles armados disparando, que eran en realidad este grupo paramilitar. Al
batallón Olimpia se le dijo que el ejército los reconocería por un guante
blanco que todos ellos portaban, pero esto tampoco fue verdad, y así muchos de
los miembros de este grupo cayeron precisamente ante el ejército.
Cumpliendo lo pactado con Echeverría, los líderes
estudiantiles llegaron a Tlatelolco a desmantelar el mitin, claro que muchos no
se quisieron ir de la plaza, fue entonces cuando una bengala salió de un
helicóptero que sobrevolaba el lugar, y comenzó el tiroteo; no por parte del
ejército, no por parte de los jóvenes, sino por parte del batallón Olimpia, que
tenía incluso a francotiradores apostados en los tejados de varios edificios,
que lo primero que hicieron fue disparar a los líderes en el templete que
estaba dispuesto para el evento.
El movimiento se terminó, las voces se callaron con la
metralla del sistema, tuvimos unas hermosas olimpíadas…, y finalmente Díaz
Ordaz cedió, y designó como candidato, y por lo tanto sucesor, a Luis
Echeverría Álvarez. Las traición es regresaron y la familia revolucionaria se
dividía después de treinta años.
Así pues, el fin del sistema político monopólico y
absolutista se empezó a gestar durante el Gobierno de Gustavo Díaz Ordaz,
cuando un grupo de la familia buscó colocar a su candidato a la presidencia a
como diera lugar, sin importar les reglas establecidas. Los primeros indicios
de esta pugna se encuentran en el tercer informe de gobierno de Díaz Ordaz
cuando el Presidente afirmó que no iba a ceder a las presiones para cambiar las
reglas del juego y que el sistema había funcionado bien hasta el momento.
Las primeras dudas que surgen cuando se estudian los sucesos
del 68 son 1) ¿por qué para un pleito entre preparatorianos tiene que
intervenir seguridad nacional?, 2) ¿por qué un grupo bien coordinado de líderes
de estudiantes golpea al gobierno por las mañanas, y en las tardes se reúnen a
planear estrategias para seguir golpeando, en la casa del Secretario de
Gobernación, por los rumbos de san Jerónimo?
Es evidente que hubo algo más que un grupo de estudiantes
idealistas durante el movimiento de 1968, ya que los acontecimientos
posteriores nos muestran que pasó con ese grupo. Rosa Luz alegría, novia de
Marcelino Perelló Vals, uno de los cabecillas estudiantiles, de tanto visitar
esa casa en San Jerónimo terminó casándose con uno de los hijos de Echeverría,
matrimonio que no duraría demasiado, pero que le permitió relacionarse con José
López Portillo y llegar después a Secretaria de Turismo. Gilberto Guevara
Niebla, también líder estudiantil fue asesor de Ernesto Zedillo Ponce de León
en la Secretaría de Educación Pública; mientras que Sócrates Campos Mus llegó
también a ocupar varios puestos políticos, como asesor y secretario.
Echeverría se presentó como el nuevo Cárdenas que venía a
transformar la sociedad. En su toma de posesión señaló que venía como
representante de una nueva generación que retomaría el rumbo de la revolución,
ya que esta se había detenido después del período cardenista; es decir, cuando
se alejó del socialismo y la estatización. Así pues, a Cárdenas no sólo se le
debe la falsa expropiación y el sistema de acarreo masivo de votos que seguimos
padeciendo, sino también, en parte, el movimiento de 1968.
Extracto del ebook: MÉXICO SIGLO XX: el gran mito de la democracia de venta en: